domingo, 1 de mayo de 2011

Ser o no ser, esa es la cuestión

JOHN CARLIN 01/05/2011

- "¡Ay, no dejes que me vuelva loco! ¡Loco, no, santo cielo!".

-Rey Lear, de Shakespeare.

El famoso futbolero Albert Camus, también conocido como novelista y filósofo, propone que la única pregunta realmente seria es si uno debería o no suicidarse. Si viviese hoy, reconocería que ha surgido otra fundamental, también relacionada con el suicidio: ¿Comparte la cúpula del Real Madrid los criterios de su entrenador, José Mourinho? O, para plantearlo de otra manera: ¿Han caído todos en la locura o queda en el Bernabéu algún rayo de luz?

No nos referimos a la filosofía de juego del equipo. Optar por una estrategia de destrucción en vez de creación, de pelotazo en vez de posesión, y considerar que un 0-0 en casa en el partido de ida de una semifinal de la Champions es un objetivo digno de celebrar no es nada nuevo en el fútbol ni tampoco irracional si se parte de la premisa -la admirablemente humilde premisa- de que el rival es muy grande y la única forma de oponerse a él es jugando como un equipo pequeño.

No. Hablamos de las declaraciones de Mourinho después de que sus planes para un empate a cero contra el Barça se torcieran y su equipo perdiese por 0-2. El contexto fue una rueda de prensa, pero, salvo el sector Torrente de la afición madridista, cualquier observador medianamente lúcido habría entendido que esa no fue la denominación indicada para describir semejante coloquio. Se trataba de una intensísima sesión de psicoterapia que debería haber permanecido en privado, entre paciente y médico, pero fue transmitida en directo a millones de personas en todo el mundo.

Eso sí, fue un espectáculo magnífico, aterrador, digno de una obra de Sófocles o de Shakespeare o de una novela de Dostoievski en la que el héroe, en un éxtasis de agonía existencial, clama contra el universo. El "¿por qué?" mourinhiano pasará a la leyenda junto a los gritos impotentes de Edipo, el rey Lear o Iván Karamazov ante la ciega injusticia celestial.

La particular dificultad que nos plantea el monólogo de Mourinho, el aspecto psiquiátrico de la cuestión, radica en la desproporción entre causa y efecto. No acababa de descubrir que había matado a su padre, que sus hijas le habían usurpado el poder, que Dios no existía o que, aunque existiera, no podía alabarle, ya que permitía la muerte de los niños. No, no. Lo que le había abierto los ojos al horror de la condición humana fue la tarjeta roja que vio un joven llamado Pepe, castigado por un organismo de Naciones Unidas dedicado a aliviar el sufrimiento de los niños que Dios ha abandonado.

Ante semejante calamidad, Mourinho tuvo una revelación. De repente, entendió que la vida carece de sentido, que todo es una broma, que el mundo es "un asco". Pero, trastornado por el poder absoluto, se había equivocado espectacularmente de escenario. Invadido por una mezcla tóxica de paranoia y egomanía, pensaba que estaba actuando en una tragedia de dimensiones épicas cuando se trataba de una comedia con un protagonista, repetimos, llamado Pepe.

Lo que queda por ver ahora es si los mandatarios del Madrid se han percatado de esta grotesca realidad y si consideran que una entidad cuya imagen mundial ha sido al fútbol lo que el Rolls Royce es a los automóviles o la familia real británica a la aristocracia puede seguir con él al mando. De la señoría se ha pasado a la farsa y, por si alguien cree que estamos expresando una opinión idiosincrática o incluso original, échenle un vistazo a los diarios británicos, hasta esta semana admiradores casi incondicionales del entrenador portugués. Simon Barnes, del Times, por elegir un ejemplo, escribió que Mourinho se había revelado por lo que es, "el loco del metro" que cualquier día aparece en el andén y te dice que es Napoleón. "El Madrid ha caído en el ridículo", dice Barnes, laureado y veterano periodista deportivo, "y la imagen que transmite el club es mucho más tonta de la que vimos cuando fracasaba con sus anteriores entrenadores".

¿Se reconocerán en este espejo los otros amos del Madrid, los que Mourinho ha desplazado? ¿Harán algo al respecto? ¿O, contaminados de la enfermedad caligulesca del pobre hombre que han dotado de poderes sin límite, caerán en la inconsciencia de permitir que un grandioso club se desplome hacia el suicidio?

jueves, 28 de abril de 2011

Áspero mundo

Mourinho es a Guardiola lo que Lucifer a Dios. Quiere decirse que Mourinho es el segundo por antonomasia, signifique lo que signifique antonomasia. Por eso mismo, cada vez que pierde un partido, incluso cada vez que lo gana, vuelve a gritar non serviam, no serviré, en la rueda de prensa consiguiente. No serviré, no me humillaré, no me adaptaré al modelo de juego limpio dominante.

¿Hay otro modo de ser el primero cuando te ha tocado ser el segundo? Así como para llenar una hora es preciso vaciar cada uno de sus minutos, para alcanzar el éxito (un éxito no convencional) conviene acumular con avaricia los fracasos. Mourinho se equivocó empatando con el Madrid la semana pasada y ha vuelto a equivocarse ayer. A ver si rectifica y pierde el próximo. No se puede llenar el depósito del coche sin vaciar la cartera ni celebrar un funeral sin lamentar una desgracia. Para crear el mundo fueron necesarias dosis formidables de poder y cantidades imponentes de oligofrenia.

El mundo, como el fútbol, es una mezcla alucinante de autoridad e inconsciencia. Un equipo de fútbol no es la Telefónica ni Iberia. La gente no espera en Gran Vía la llegada de César Alierta ni sus directores generales se levantan a Shakira. El fútbol tiene (aunque no para mí, que soy un deficiente) el gen del arte. En el fútbol, como en la música, no se elige el lugar del éxito: te lo proporciona el azar.

Si te ha tocado ser Salieri en vez de Mozart (o Mourinho en vez de Guardiola), no tienes más remedio que cultivar una belleza áspera, rencorosa, una belleza fea. Un Mourinho amable sería tan odioso como un Luzbel beato. Mourinho debería construir un segundo capaz de convertirse en un primero alternativo. En cuanto a Guardiola, parece que se va, por aburrimiento sin duda, es decir, por las mismas razones por las que Dios abandonó a su suerte a este áspero mundo.

(Juan José Millás, El País, 22-IV-2011)

miércoles, 27 de abril de 2011

Y papá se puso encima de mamá otra vez

Dan ganas de escribir una crónica del partido en plan sucesos, pero con un toque ejemplificador. Como si fuera una historia de culpas y redenciones. Como si fuera una novela de pudores en las que no tuvieran importancia ni los lugares geográficos, ni los ambientes, ni los paisajes, sino sólo los estados de ánimo. Como el mío de ahora mismo, una especie de eternidad razonable.

Y como la historia la escribo yo, pues me guardo en el subconsciente un sitio especial para el puto amo. El del campo. Para Leo Messi. Porque hoy ha vuelto a dejar claro quién es el mejor. Sin posibles comparaciones y osadías. Sin adulterios convencionales. Sin malentendidos. Sin sambenitos. Sin mesuras. Sin coartadas.

Y con una estética difícil de abandonar. De las que te gusta saborear como si fuera un licor de vida. Como si fuera una tregua a vida o muerte. Pero ahora me contento con celebrar la victoria sacando a pasear al patán que llevo dentro.

Grande Leo. Grande. Ya está a remojo el Balón de Oro 2011.




jueves, 21 de abril de 2011

viernes, 15 de abril de 2011

Señorita

Christina Rosenvinge ha regrabado ‘Señorita’, un tema incluido originalmente en el disco de 1992 “Que me parta un rayo”, grabado bajo el nombre de Christina y Los Subterráneos.

Dicen que ha sido Hotmail quien la propuso la idea de refrescar el pasado; al menos a mí así es como me ha llegado esta noticia, directamente a mi estimada bandeja de entrada.

En mi opinión, ha sido un lujo innecesario. No digo yo que la señorita original sea una obra maestra. Tampoco digo que no haya soñado alguna vez con ella. Con la rubia. Ni siquiera que Christina no tenga derecho a destrozar su propia canción 20 años después. Cada uno sobrevive de lo que puede.

Y tampoco es que escuchar esta versión me haya roto un viejo sueño, ni por eso mismo voy ahora a encadenar silogismos hasta que te convenza de que tengo razón.

El caso es que, si te van las decepciones anticipadas, puedes darle al play. Si no, cómprate unos zapatos nuevos con las suelas gastadas y sal corriendo por la puerta grande de atrás.



miércoles, 6 de abril de 2011

Siguiente parada: Chamartín



Correspondencia con semis de champions y cercanías de copa.

jueves, 31 de marzo de 2011

Su día libre



No. No es una recomendación. Es una imposición.

Es una canción, sí, pero no es una canción cualquiera. Es un tema para cobardes. De esos que se mueren varias veces al día. Los valientes de una sola vida quedan exentos por esta vez.

Si me haces caso y la escuchas a solas, la eternidad te pasará muy lentamente. Te parecerá que la vida no vale para nada, salvo para escucharla de nuevo. O te parecerá que la música va en una dirección mientras tu vida toma otra distinta.

Te parecerá que tu casa no tiene exteriores, y tan solo lucirán los interiores de tu personalidad.

Te confesarás contigo mismo y sólo mirarás a los demás con el blanco de los ojos.

Si me apuntaras con una pistola te diría que es mi favorita de Quique, pero como eso es un tema personal, lo guardo para mí solo.

Te dejo que la escuches para que 'entres en los sueños de alguien'.

GrandeQuique

domingo, 27 de marzo de 2011

Hombres Gé

Eran otros tiempos.

Entonces si te llamabas hombre no podías apellidarte Gé, y permanecer en su coro podía llegar a significar una deshonra. Era como dudar de la hombría de uno, y entonces un macho debía definirse desde el principio y, por lo menos, hasta el final.

Entonces el socialismo era incluso obrero y, sobre todo, español.

Entonces los armarios estaban repletos de maricones, pero sin la gallardía suficiente para subirse a la carroza.

Entonces solía salir el sol a la hora de acostarse.

Entonces preferíamos reírnos de todo a llorar por nada.

Entonces preferíamos la música a la letra.

Entonces nuestras agendas de teléfonos eran servilletas de papel con promesas de amor que nadie quería cumplir.

Entonces la culpa siempre era tuya.

Entonces el verbo necesitar nunca nos sorprendía despiertos.

Entonces nadie dudaba en serio de la existencia Dios.

Si crees que no tengo razón ‘me iré por donde vine’, pero volver a reunirnos 20 años después en concierto Gé era sólo cuestión de tiempo.

Y fue como entonces.

Y David Summers puso a la peña de pie. Con su voz de tiple.

Y nos repartimos abrazos impares. Ellas a ellos. Menos a uno.

Y sacamos la imaginación contra la gris manía.

Y nos repartimos las tareas comunes: Unas con cola zero y otros con mucho güisqui.

Y nos metimos las normas dentro del bolsillo.

Y quisimos hacer lo que no se debe.

Y hasta se celebró el cuarto divorcio de los que se casaron de blanco.

Y disfrutamos casi tanto como en el siglo pasado.

Pero sin pantalones de campana. Y sin gafas de pasta. Y sin regla de tres. Y sin echar de menos la falsa erección matutina.

Por eso nos fuimos al Penta, juntos en expedición. Y casi ningún amigo se echó atrás.

¿He dicho ‘atrás’ otra vez? Pues eso, uno, dos y tres, y contando las baldosas al andar.

Porque el Vega también estuvo. Tan callando.

Y yo me cuadré ante el mural del fondo. El de Santa Teresa.

Y entonamos 'el generacional' a la hora del cierre.

El único no invitado que faltó a la cita fue el doble del enano de la Orquesta Mondragón. Pero nadie le echó de menos. Hasta la hora de pagar a escote la juerga.

Hasta otra, compañeros.
SiempreVega


















jueves, 24 de marzo de 2011

Plazuela de Antonio Vega



Mañana la primera caerá por el Vega. En la Plazuela o cerca de ella.

Y eso que yo huyo por sistema del lenguaje antisistema que suelen utilizar los músicos, pero nunca dejo de intentar disfrutar de una buena canción. Porque la vida sin música sigue siendo un tremendo error. Aléjate un poco de tu personaje más odiado y lo verás.

Los ricos, cuando ya son ricos, siempre se encariñan por el lugar donde antes habían sido pobres. Será porque así se hace más visible su cambio y su nueva posición. Eso es lo que decía Daniel, el Mochuelo.

Los cuarentones, cuando ya somos cuarentones, siempre nos encariñamos con los lugares donde antes habíamos sido veinteañeros. Será porque así se hace más invisible nuestro cambio y nuestro pelo entrecano. Eso es lo que digo yo.

SiempreVega.

miércoles, 23 de marzo de 2011

La previa de Hombres Gé

Esta semana no es especialmente santa. Tampoco es oficialmente de carnaval. Ni víspera del día después. Y ni siquiera celebramos ninguna resaca por anticipado.

Así todo creo que ha llegado el momento justo de intentar componer una nueva versión de la vida cotidiana.

Para empezar pongamos nuestras dudas en común y acordemos una nueva fe. Un nuevo desorden mundial. Una especie de caos de la razón.

El día elegido es el viernes 25 por la tarde noche. La hora, a partir de las 19:00 en primera convocatoria, y a partir de las 19:01 en segunda y siguientes.

Para conseguir el objetivo necesitaremos toallas limpias y agua caliente. También necesitaremos recurrir a los sueños si se apunta gente sin imaginación. Aunque, como llega el Toy con el maná bajo el brazo, creo que podremos dejar los sueños para el final.

Yo necesitaré un buen cepillo para borrar la raya en medio de los que quieran poner pegas, y prometo ocuparme personalmente de encontrar las mejores pelucas para tapar las cabezas pelonas.

Buscaré para denominarnos un concepto híbrido en el que nadie se sienta discriminado. Novela lírica, por ejemplo. O poema en prosa.

Una vez numerados del uno al nueve, Navalón puede empezar la función contando las peripecias vividas en Ciempozuelos en los últimos meses. Las ‘acabadas’ pueden empezar por el principio. Los de cuarenta que den siempre un paso al frente y dos atrás.

Principiantes no creo que vaya ninguno, así que nos podemos saltar las derivaciones epistolares.

La semana siguiente me ocuparé de narrar en alto el escalafón definitivo; sólo prometo poner para ello mis cinco sentidos, mi escaso criterio y mi nula voluntad.

Y si me respeta el hipo, también haré la contracrónica hermética oficial. Aunque no me responsabilizo si alguien sale en ella con el rostro torcido.

Estamos de vuelta.